Un caso inconcluso, a 20 años de su muerte con un entorno tenebroso de impunidad, sin determinar quiénes son los verdaderos culpables de este cobarde asesinato. Esto trae a colación lo que pasó en Catamarca con María Soledad Morales; allí también se trató de borrar toda evidencia del tema. Rescatamos la lucha de las monjas Berta Povalej y Marta Pelloni, y de muchos testigos más, que actuaron a rajatabla por dilucidar la verdad, hasta que al final se hizo justicia. En Tucumán se debe y se tiene que resolver este caso. No, a la Impunidad del poder; es vergonzoso el circo montado al respecto, una falta total de ética profesional. Caramba, se trata de un asesinato de una persona y con mucha alevosía. Este escudo falso tiene que desaparecer de una vez por todas; así nomás no se deben absolver las sospechas que están a la luz. Realmente, una vergüenza ajena lo que pasa con el caso Paulina Lebbos.
Daniel Francisco Leccese
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